Oaxaca, de la lucha magisterial a la guerrilla urbana

Las Otras verdades / Eduardo Cruz Silva

Y los demonios se soltaron en Oaxaca, se veía venir la violencia. Para quienes no lo habían notado, todo el caos, vandalismo, rapiña y muerte generada en las últimas horas, responde puntualmente a manuales de guerrilla urbana. Cualquier otro nombre que se le quiera dar, es mero eufemismo.

Cualquier lucha por más justa que pueda ser que se sustenta violentando el derecho de terceros, pierde toda legitimidad. Si la 22 y vándalos que le acompañan tienen la intención de desgraciar la vida económica de Oaxaca, lo están logrando y con calificación de excelencia.

Todo inició hace poco más de una semana cuando la CNTE no obtuvo respuesta a su principal demanda de tener una mesa de negociación con la Secretaría de Gobernación, que fue rubricada con la detención de los dos principales dirigentes de la Sección 22, Rubén Núñez Ginez y Francisco Villalobos Ricárdez, alias (chico pelón).

El primer comunicado emitido por la Sección 22 señalaba: “es mas que evidente que la clara intensión de los gobiernos es descabezar a este movimiento democrático de trabajadores de la educación, sin embargo, manifestamos que por cada compañero detenido, serán miles las voces de lucha que saldrán en defensa de la educación y los derechos laborales”.

A partir de ese momento la mecha se había encendido, el ala más radical del magisterio que puede ubicarse en la región del Istmo de Tehuantepec, inició con el bloqueo de carreteras y la refinería de Salina Cruz, para estrangular el suministro de combustibles al resto del Estado.

Los nuevos líderes que tomaron el mando de las acciones del magisterio, son personajes plenamente identificados por su corriente ideológica marxista-leninista, algunos de ellos señalados oficialmente por su cercanía con el extinto Ejercito Popular Revolucionario (EPR), de ellos salió la orden de iniciar los bloqueos carreteros.

La lucha magisterial se ha apegado fielmente a manuales de guerrilla urbana, al buscar el respaldo de la población civil para dar la percepción que se trata de un movimiento social. Lo que en realidad ocurrió, fue la adhesión de grupos radicalizados de distintos membretes que ante el vacío de autoridad que vive Oaxaca se han dado a la tarea de vandalizar y saquear en diferentes poblaciones de la entidad.

Los medios de comunicación se cansaron de dar cuanta de los atropellos y vejaciones que durante una semana estuvieron cometiendo el magisterio oaxaqueño y sus nuevos aliados en la región del istmo. En otros puntos del territorio oaxaqueño se establecieron por lo menos 20 bloqueos carreteros en donde personas encapuchadas se dieron a la tarea de revisar a su antojo vehículos de transporte público y particulares, así como el pedir cuotas para otorgar el paso.

Ante esta situación, importantes empresas de transporte suspendieron sus corridas, otras más dejaron de suministrar productos de primera necesidad para evitar que sus unidades fuesen vandalizadas. La búsqueda del caos se estaba generando puntualmente.

La llegada de la gendarmería a la región del Istmo para liberar carreteras suscitó los primeros enfrentamientos, que culminaron invariablemente con la quema de vehículos, el saqueo y rapiña de tiendas departamentales y otros negocios.

Finalmente la escalada de violencia alcanzó su punto más álgido en la población mixteca de Nochixtlán, cuando la mañana del domingo 19 de junio, fuerzas de la policía estatal y federal intentaron despejar el bloqueo carretero de esa zona. De nueva cuenta grupúsculos identificados con el FALP, MAIZ, FIOB entre otras (que el magisterio llama infiltrados), repelieron el desalojo con un saldo preliminar de 6 personas muertas y más de un centenar de heridos.

Al mismo tiempo, en la región del Istmo un compañero reportero que filmaba el saqueo a una tienda OXXO fue arteramente acribillado por uno de los saqueadores, al igual que otras dos personas que se encontraban en el mismo lugar. Un reportero más de una agencia de noticias de la mixteca fue retenido en Nochixtlán por los manifestantes. La violencia también había alcanzado a la prensa.

Y mientras en calles y carreteras de Oaxaca se libra una supuesta lucha social, en redes sociales se libra otro tipo de batalla, en donde la seriedad y objetividad de algunos periodistas y medios de comunicación se mezcla y confunde con el activismo panfletario de otros, que equivocadamente creen que esa es la responsabilidad social del periodismo.

Hoy todos llaman al diálogo, pero sin censurar que ha sido el magisterio oaxaqueño el que ha antepuesto condiciones para llevarlo a cabo o ha saboteado esos intentos. La lucha magisterial ha mutado en guerrilla urbana y eso lleva a otros escenarios en donde indudablemente la sociedad sufrirá las consecuencias. Verdaderamente deseamos estar equivocados.

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