El turismo de Oaxaca en franca agonía

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Las otras verdades / Eduardo Cruz Silva

Todos sabemos que el Estado de Oaxaca, se distingue por ser de los que menos aporta al Producto Interno Bruto del país. Enfrentamos factores adversos de índole social, económico y productivo; carencia de infraestructura para la producción; vías de comunicación insuficientes y deterioradas; descapitalización permanente; falta de fuentes de empleo; práctica de una agricultura de subsistencia en tierras empobrecidas o no aptas para la actividad; que arroja escasas o nulas opciones de sobrevivencia y un proceso permanente de migración.

Más del 90 por ciento de los recursos que aplican en la entidad provienen de erario federal. No obstante, Oaxaca es una entidad que se oferta en otras latitudes como un polo turístico que ofrece al visitante; zonas arqueológicas y de ecoturismo, museos, monumentos coloniales, artesanías y gastronomía muy propias, así como destinos de playas entre otros atractivos. Ese es su potencial productivo, que pocos parecen entender.

Por desgracia, hasta antes del movimiento magisterial de 1986 que se empeoró con la participación de otros actores como la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), la entidad mantenía un flujo constante de visitantes extranjeros y de otros puntos del país. El conflicto que se vivió por espacio de seis meses vino a fracturar los cimientos de nuestra principal actividad económica, situación que lejos de revertirse se agudiza con el paso de los años.

La capital oaxaqueña, que es la puerta de entrada a todos los atractivos que ofrece el estado, enfrenta un paulatino deterioro gracias a los casi permanentes conflictos sociales y políticos que vienen a detonar en la Ciudad de Oaxaca. Los habitantes de la capital como de sus áreas conurbadas sufren cotidianamente la paralización de sus actividades productivas con todo un catálogo de calamidades: marchas, bloqueos de carreteras y calles, toma de edificios públicos, secuestros de autobuses y un largo etcétera.

Protestar pacíficamente reclamando derechos es legal, incluso, según la constitución el Estado te asegura garantías policiales, para que nadie perjudique tu legítimo derecho a la protesta. El problema es cuando se realizan acciones ilegales para protestar. ¿Por qué entonces utilizar la violencia y perjudicar al resto de la sociedad para hacerlo?

Sin embargo, es obvio que gran parte de la culpa es del gobierno por no utilizar la inteligencia para informarse, prevenir y resolver los conflictos sociales latentes a través del diálogo constante y otras acciones antes que los mismos estallen dejando el saldo que todos conocemos: un Estado de Oaxaca vapuleado y lastimado por todos.

En el argot publicitario se dice que uno de los pilares que sustenta el éxito de una empresa es la consolidación de una marca. La marca como bien inmaterial que sirve para distinguir productos o servicios puede ser uno de los activos más importantes del empresario, pues, puede representar en la mente del consumidor una determinada calidad del producto o servicio promoviendo la decisión de adquirir este o aquel producto o servicio, jugando un papel primordial en la competencia empresarial.

Oaxaca y todos sus atractivos, debería tener para todos nosotros el cuidado que se le dispensa a una “marca”. Es de las escasas fuentes de riqueza y empleo que contamos, sin embargo, pareciera que estamos empeñados en acabar con todo lo que tenemos.

El turista siempre busca volver a los lugares en donde puede disfrutar su estancia con tranquilidad, excelente servicio y atención. Un estado convulsionado permanentemente con conflictos sociales y políticos no es nuestra mejor carta de presentación ni de recomendación y pocos lo reconocen, pero el turismo se está alejando y otras entidades del sureste están aprovechando nuestro indolente descuido.

Oaxaca vive desde hace dos meses un conflicto social generado por la Sección 22 y que ha incluido la participación de organizaciones afines que han contaminado y dañado toda la actividad productiva y comercial de Oaxaca. Nos encontramos a pocos días para la realización de la máxima fiesta de los oaxaqueños: la Guelaguetza, y no se vislumbra un ambiente propicio para llevarla a cabo.

El magisterio oaxaqueño en su negociación de todo o nada, se está llevando entre las patas a todos los sectores productivos y de servicios en Oaxaca. Hoy, si observamos bien, podremos darnos cuenta que las actividades turísticas de Oaxaca, se encuentran en franca agonía.

Es triste decirlo pero tal parece que a nadie importamos, ni al gobierno federal, ni al estatal, mucho menos a un radicalizado magisterio que sólo defiende sus canonjías y privilegios.

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