Ni vergüenza ni desgracia, solo la realidad

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Por: Gabriel Hernández García

Dirigente del Movimiento Antorchista en Oaxaca

En los días que corren la delegación mexicana de deportistas que participa en las olimpiadas, según la información que se vierte no ha obtenido ninguna medalla en los juegos olímpicos que se celebran en Brasil, y por lo que se informa, las posibilidades de obtener alguna se reducen cada vez más, incluso pudiera llegar el caso de no obtener ninguna.

De ocurrir lo anterior, en mi opinión, no sería ninguna tragedia sino solo el resultado natural, el reflejo realista, de lo que es el deporte en México y de la importancia que el estado mexicano le pone a esta actividad humana.

En realidad no tenemos nada de que quejarnos o sorprendernos, pues tenemos que aceptar la verdad y  nuestra realidad por cruda que sea; somos los mexicanos, pero más en concreto el Estado Mexicano  y los organismos encargados del deporte los principales responsables de estos resultados

Para nadie es un secreto que los incentivos, el impulso y el apoyo verdadero para el deporte en México prácticamente no existe,  es mínimo, o solo para unos cuantos privilegiados que por cierto a la hora de demostrar su capacidad simplemente no ganan.

Para tener deportistas de alta competitividad se requiere que desde la niñez se induzca a los pequeños a la práctica cotidiana y constante de algún deporte, a tal grado que se les vuelva una forma de vida. Se necesita que organismos e individuos especializados descubran las cualidades atléticas de cada individuo para inducirlo en el deporte cuyas aptitudes lo hagan ser más capaz y sobresaliente; es necesaria también una alimentación adecuada a la edad, al deporte y a las exigencias de cada organismo;  no se puede hacer deporte sin  infraestructura educativa, equipo, uniformes, etc., es imprescindible contar con instructores capacitados que conduzcan, enseñen y obliguen al deportista a sacar el máximo provecho de sus capacidades físicas; también es necesario contar con hospitales, médicos y medicinas que puedan curar lesiones o cualquier tipo de enfermedad de tal modo que un deportista  enfermo o lesionado pueda recuperarse con éxito.

Se requiere todo esto y mucho más, pero no lo tenemos  y por lo visto tampoco lo tendremos, pues si tomamos en cuenta que en México, según el censo del INEGI de 2015 son 20,900 000 jóvenes entre 15 y 24 años, y el presupuesto para el deporte autorizado en ese año fue de 641 millones. Suponiendo que se repartiera esta última cantidad entre los jóvenes que podrían teóricamente practicar deporte, les tocaría la ridícula cantidad de 30 pesos por joven y por año. ¿Qué se podría hacer con 30 pesos? Quizás solamente podría pagar el boleto de pasaje para viajar de la colonia donde viven, llegar a las puertas de una unidad deportiva y regresarse, sin comer, pero  nada más. Está claro que el dinero no se reparte de esa forma, pero si así fuera es verdaderamente ridículo pensar  que con ese presupuesto podríamos formar deportistas ganadores de medallas.

En la realidad muchos de esos millones se quedan en toda la burocracia que los maneja, y lo que realmente llega a algunos grupos, asociaciones o deportistas es muy raquítico y a la absoluta mayoría de los jóvenes no les toca nunca nada.

Es relevante conocer que varias de las medallas de oro obtenidas por los mexicanos  hayan sido en deportes individuales como: marcha atlética, natación, boxeo, halterofilia, es decir en deportes en los que la disciplina, perseverancia y voluntad individual juegan un papel casi decisivo, con gastos mínimos de equipo para el entrenamiento. Quiero decir pues que es más mérito personal de quienes han ganado las medallas que del apoyo recibido por las instituciones gubernamentales o de  otros organismos  deportivos.

Es decir, históricamente el impulso y sostenimiento del deporte en México prácticamente no ha existido, ha sido relegado haciendo caso omiso de todos los beneficios que un cuerpo y pueblo sano pueden tener.

Esta es la realidad del deporte en México y por eso no nos deben extrañar los resultados actuales en las olimpiadas que se están realizando, son solo una consecuencia lógica de lo que no hacemos y esas son sus consecuencias. ¡Nada más!

Los antorchistas no nos hemos quedado cruzados de brazos,  impulsamos el deporte en la medida de nuestras fuerzas, tenemos competencias deportivas cada dos años en Tecomatlán, Puebla, en el transcurso del año realizamos un torneo nacional de voleibol en Veracruz, otro de ajedrez en Chimalhuacán, Estado de México, y de basquetbol en Morelia, Michoacán, encuentros deportivos que por cierto tienen una altísima competitividad.

Estamos convencidos de que el deporte da a los hombres disciplina, resistencia, temple, fuerza, agilidad mental y sentido de respeto, colaboración y fraternidad. En síntesis, hombres y mujeres más sanos de cuerpo y “alma” pues los aleja de los vicios y otros males sociales que tanto daño hacen a la juventud y al ser humano. Nosotros creemos que una sociedad puede ser mejor en la medida en que sus hombres practiquen cotidianamente hábitos de ejercicio que los mantengan alertas y más sanos para realizar cualquier actividad que se propongan.

Los resultados obtenidos por nuestro trabajo son muy alentadores, y  aun sin apoyo gubernamental seguiremos induciendo, alentando y apoyando a los niños, a los jóvenes y a la gente de todas las edades para que hagan  deporte. Solo así forjaremos y tendremos campeones olímpicos de manera permanente y no de casualidad o solo por esfuerzo individual como en muchos de nuestros deportistas ha ocurrido.

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