Sobre Tlaxiaco y su presidente.

Por: Gabriel Hernández García.

El poder enferma: a los incultos, a los débiles; a los que no saben qué objetivos persiguen; a los corruptos o a los que no tienen una organización que los controle y los someta cuando sea necesario. Cuando un individuo es candidato a un puesto de elección popular es, o dice ser: humilde, sencillo, honesto; preocupado por el bienestar de los demás o libre de cualquier defecto moral.

Es natural, que si él o los candidatos se exhibieran tal y como realmente son (o van a llegar a ser), seguramente nadie votaría por ellos, y nunca ganarían una elección. En realidad, casi la absoluta mayoría de los candidatos nunca han sido, ni pretenden ser, hombres buenos y trabajadores, preocupados por el bienestar de los demás; si se presentan como tales, es solo en el proceso electoral, porque una vez llevado a cabo este y si alguno de ellos resulta ganador, ya sentado en el poder, muestra su verdadera cara y se comporta radicalmente distinto a lo que fue cuando era candidato; ya no se reúne ni platica con la gente, sino que, al contrario, la rehúye; se esconde de ella y aunque los ciudadanos lo busquen, no lo encuentran por ningún lado. Ya no solicita ni escucha la problemática de los ciudadanos, sino que ahora ante cada petición, la respuesta es “no hay dinero”; el trato con la gente queda cancelado y el ciudadano común y corriente queda marginado totalmente del poder. Ahora, la autoridad electa se dedica a reunirse con los que considera de su “nivel” o si puede, “más arriba”. Ahora sus reuniones son en cafés, restaurantes, hoteles, etc. pues el señor ya subió de nivel y no se junta con la chusma.

Tales formas de comportamiento de “nuestras autoridades” son archiconocidas por el ciudadano común y corriente, que sufre cualquier tipo de marginación o carece de apoyo por parte de quien pudiera y debiera ayudarle.

Tal conducta se repite y se repite hasta el cansancio durante y después de cada proceso electoral, de tal manera que algún día llegará a tal grado el hartazgo de estas lacras sociales, que los partidos, grupos e individuos que se comportan de esta manera, no recibirán el apoyo pero ni de la madre que los dio a luz.

Que este comportamiento general sea cierto, lo prueban los casos particulares y un ejemplo es el Dr. Oscar Ramírez  Bolaños, presidente municipal de Tlaxiaco, quien se ciñe textualmente, y aún más, al cuadro general pintado más arriba, pero, el Dr.  Ramírez  tiene otros “defectitos”.

En Oaxaca y en Tlaxiaco, todos saben que su apoyo fue el API y su cobertura legal fue el Partido Unidad Popular (PUP). Es, pues, militante, simpatizante o amigo de tal grupo y partido, a lo cual tiene derecho y no puede ser motivo de crítica o de ataque hacia su filiación partidista. Eso está total y absolutamente permitido en nuestro país.

Sin embargo, da la casualidad que, según su jefe de comunicación social, así se lo ha expresado a los antorchistas, y es de la opinión publica en el municipio de Tlaxiaco, que él, no acepta y no está dispuesto a tratar nada con organizaciones (por cierto, una vieja posición de los panistas más reaccionarios de este país) sino solo con autoridades reconocidas por él.

Es curioso ¿no? Hasta donde se sabe, la organización y el partido que lo apoyó, siempre se han definido como progresistas y el mismo doctor había sido reconocido o identificado más con la

izquierda, pero ahora que ganó, se comporta y actúa con los principios y forma de actuar de la derecha.

Pero, lo más grave está en que, lo que él considera un defecto, en el sentido de que los ciudadanos no deben ni pueden asociarse con ninguna organización, para él, sí está permitido, pues el Dr. Ramírez Bolaños participa en los eventos y actos políticos que su partido convoca; por ejemplo, en la marcha por la conmemoración de la muerte de Zapata del día 10 de abril del presente año, en la que participó activamente y se postró al frente de dicha marcha.

Tengo muy claro que el ejemplo del señor presidente municipal de Tlaxiaco no es el único ni el más grave siquiera; lo menciono para ejemplificar cómo cambia el poder a los individuos y también para informar, a quien quiera que necesite saberlo, que los antorchistas de Tlaxiaco, de la Mixteca, y del estado de Oaxaca, manifestamos nuestro total repudio a la actitud violatoria del artículo 8 y 9 de nuestra Constitución, los cuales nos garantizan el derecho de petición y organización, mismos de los que el disfruta, pero que nos niega y que precisamente por ello, iniciaremos una serie de movilizaciones en la ciudad de Tlaxiaco y posteriormente en la capital del estado, hasta lograr que las demandas de los colonos, campesinos y estudiantes tlaxiaqueños sean atendidas por quien tiene la obligación de hacerlo.

El poder que se le confirió fue para ser servidor público, no para ser un remedo de tirano y demagogo que no quiere ni tiene la capacidad para estar en un puesto de representación popular. Nuestra Constitución lo obliga a atender a todos sus ciudadanos, independientemente de su filiación política.

Que conste.

 

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