Oaxaca: Derechos humanos a la deriva

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Joel Hernández Santiago / www.encuentroradiotv.com

Ser humano es el triunfo del tiempo y de la naturaleza. Ser humano es poner la vida en dos pies, trabajar con dos manos y estar dispuestos a la conexión ineludible de corazón y cerebro para realizar con inteligencia las más grandes proezas que pudieran existir en la historia y presente de la humanidad.

Sí. Eso es. Ser humano es actuar bajo reglas no escritas e individuales –o íntimas, si se quiere- en las que quienes vivimos intentamos construir solidez en la marcha de nuestros días y fortaleza en nuestras decisiones porque de ellas depende nuestra propia felicidad o la desdicha. Cada uno camina las rutas que decía Machado. (“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…”)

Pues de eso se trata: de ser humanos, de vivir en armonía, con todo cumplido para todos y la fiesta en paz, para ser felices.

Pero todo eso que se supone que debería ser la regla de vida, no lo es porque, y ahí otra vuelta de tuerca, los humanos, muchos, se encargan de aguar la fiesta y violar el Contrato Social que Rousseau nos escriturara, a fin de que humanos se entiendan como humanos en lo individual y en lo colectivo, y que se respeten y, acaso, hasta que se quieran un poco.  El gran Profeta decía en arameo: “Amaos los unos a los otros”, en busca de una vida que trasciende a la actual.

O bien, volvemos al dilema de origen: ¿El ser humano es villano y malvado por naturaleza y, por lo mismo, hay que contenerlo con reglas de comportamiento, con reglas de convivencia y sanciones si trasgrede ese acuerdo colectivo que nos constituye como humanos en lo individual y social? Friedrich Nietzsche tendría sus razones –pesimista como era- para decir que los seres humanos somos el enemigo del ser humano.

Pero está la otra cara de la misma moneda: el ser humano –también se ha reflexionado- es bondadoso y bueno, por naturaleza, sabe que tiene una vida; sabe que esta vida no es permanente y lucha por hacer que su tiempo no sea áspero y que la convivencia sea armónica.

Pero dentro de ese mismo espacio histórico y colectivo de bondad natural, surgen las excepciones, la maldad y la agresión, la crueldad y la tragedia, las que deben ser contenidas para que el resto permanezca en sí mismo, en su humildad y en el humanismo propio de sí.

Pues el debate está ahí, es histórico, filosófico y racional. Y aun así, ocurren guerras, confrontaciones, divisiones, fronteras –que son llagas puestas por los hombres al planeta—como también existen impulsos por la paz, por la vida gloriosa y porque la subsistencia humana depende de los humanos mismos, no hechos para la guerra, sí para la paz…

Pues todo esto viene al caso porque, por noviembre de este año, México será sometido a examen en materia de Derechos Humanos ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Suiza. Y a raíz de esto, diversas organizaciones civiles presentaron el sábado pasado, en Oaxaca, un informe denominado: “Bajo ataque, los derechos humanos en Oaxaca”.

Ese día estuvieron en la capital el representante adjunto de la Oficina del Alto Comisionado de UN para los Derechos Humanos, Jesús Peña, como también Chris Wall y Anja Kersten responsables de la materia de derechos humanos ante las embajadas de México en el Reino Unido y Alemania.

En su informe, se dijo ese día, que Oaxaca está entre los tres primeros lugares del país en ataques contra personas defensoras de derechos humanos y periodistas.  Aseguraron que “los ataques van en constante aumento y alertaron sobre seis asesinatos de defensores en 2017 y tres en 2018, hasta marzo de este año.

Pero independiente del informe. Es usual que distintas organizaciones nacionales como internacionales alerten sobre el uso sistemático de la criminalización de  la protesta social en Oaxaca ‘para acallar las voces de resistencia y la impunidad que existe en el caso de la represión policiaca y graves violaciones cometidas … así como el incremento de la desaparición forzada en lo que va del actual sexenio’.

Por supuesto se refieren a hechos ocurridos en distintas regiones y municipios de la entidad. (Porque a la inversa, la Sección 22 de la CNTE por su parte, atenta en contra de los derechos humanos de los oaxaqueños en su libre tránsito y en su derecho a la educación.)

El eje central de todo esto es esa violación sistemática de los derechos humanos de oaxaqueños en distintas regiones y municipios de la entidad. Lo que tiene que ver con la existencia de grupos de poder político que atentan en contra del ser humano para castigar o callar, para ‘dar sus merecidos’ a quienes se atrevan a rezongar o por incapacidad profesional y perversión humana.

Oaxaca ha vivido por años este tipo de violaciones. Y  esto no sólo se expresa en el abuso físico-dramático y trágico de la ‘aplicación de la ley’, como también en el abandono gubernamental de grupos sociales, sobre todo indígenas; de comunidades enteras a las que el derecho a la vida, a la salud, a la educación, al alimento, al trabajo y al desarrollo les ha sido impedido: eso también es atentar en contra de los derechos humanos.

Y tanto más. Oaxaca tiene un altísimo déficit en materia de respeto a los derechos fundamentales escriturados en nuestra Constitución, en la Constitución local y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que se resume en su artículo 3: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.  Ni más, ni menos.

jhsantiago@prodigy.net.mx

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