La audiencia inicial por el brutal asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan asesinado el 1 de noviembre, reventó este fin de semana como una auténtica bomba judicial que sacude a México hasta sus cimientos.
Las declaraciones de los ocho detenidos mencionaron directamente a los máximos líderes del CJNG: Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», y su lugarteniente Ramón Álvarez Ayala, «El R1», como los cerebros detrás de la orden de ejecución. El R1, operador regional en Michoacán, transmitió personalmente la instrucción a Jorge Armando «N» alias «El Licenciado» de ejecutar a Manzo «estuviera con quien estuviera».
Pero la traición vino desde dentro. Las investigaciones confirmaron que uno de los propios escoltas del alcalde filtró información precisa y en tiempo real a los sicarios sobre cada movimiento de Manzo, permitiendo que el ataque se ejecutara con precisión quirúrgica mientras el alcalde se tomaba fotos con niños en el Festival de Velas del Día de Muertos.
El caso Manzo deja al descubierto la podredumbre que corroe las instituciones mexicanas: infiltración criminal, ejecuciones extrajudiciales y la mano del narco llegando hasta los círculos más íntimos del poder local.